¿Por qué funcionó la intervención psicológica en el Trastorno por déficit de atención? Parte 1

Diego Kanzepolsky

Los primeros abordajes que realizamos con el paciente apuntaron a la eliminación del único modo que Julio encontraba para poder decir lo que le pasaba. Buscábamos, así como las empresas farmacéuticas, callarlo y aquietarlo. Conozcamos a profundidad sobre este caso mientras ahondamos en los conocimientos teóricos sobre el trastorno por déficit de atención.

¿Cuál es el método de intervenir en el Trastorno por déficit de atención?

En OpciónYO queremos acompañarte en cada parte de tu proceso y para eso ponemos a tu disposición a los mejores profesionales de latinoamérica, profesionales académicos que se han formado en prestigiosas casas de estudios, con basta experiencia profesional, investigaciones que profundizan en su campo, artículos y excelencia, pero lo más importante de nuestros profesionales es su calidad humana, lo que te permite conectar con ellos.

En esta ocasión queremos compartir este texto investigativo por parte del licenciado en psicología Diego Kanzepolsky.

"El modo de intervenir que siguió apuntó a darle un lugar al síntoma. Nuestro posterior modo de trabajar con Julio, lejos de reprimir sus síntomas, apuntaron a ir por la misma lógica y esto generó la disminución de la intensidad de los mismos.

El A.D.D. es un recurso

Me interesa desplegar algunos interrogantes que giran en torno a los alcances e implicancias del problema de la medicalización de los síntomas infantiles actuales. Síntomas que, si bien, pueden ser vistos como un obstáculo que impiden dar lugar al sujeto en la dirección de la cura, se constituyen en nuestro recurso más valioso, en tanto se trata de la manera que los niños encuentran para dar cuenta de su malestar. Se trata de modos particulares que, si se los escucha, reflejan una modalidad actual de expresar cierta disconformidad con lo establecido social, escolar y familiarmente.

Pretendo desplegarlo exponiendo ciertos obstáculos con los que me he encontrado en el trabajo con niños. Algunos son producto del contexto socio/cultural en el que nos encontramos viviendo, otros son consecuencia del modo particular en el que he entendido a los pacientes y sus síntomas.

Como ejemplo podemos tomar uno de los síntomas infantiles nombrado por cierta corriente del pensamiento como A.D.D. (Attention Deficit Disorder) Si buscamos su significado en Internet nos encontramos con que “Se trata de un trastorno del comportamiento caracterizado por distracción moderada a grave, periodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas.” 2 Vamos a dejar de lado que si continuamos nuestra exploración virtual podemos tropezar con un supuesto origen neuronal. También descartaremos que el criterio de validación de tan arriesgada hipótesis presentada como certeza, se encuentra en el viejo y no tan querido DSM IV.

Que en algunas otras páginas apelen a una tomografía de cabeza para ayudarnos a ubicar su origen cerebral, así como lo hicieron en su momento con el inconsciente y así poder dar con la real existencia de este trastorno, no constituye otra cosa que una maniobra del calibre del peor de los ilusionistas.

Vamos a detenernos solamente y como si esto fuera poco, en la definición, es decir, en la descripción sintomatológica de los conocidos trastornos actuales.

Ya sea detalles que parezcan más sencillos, como las inhibiciones de una persona, o más bien si se refieren a malestares emocionales más complejos, cualquiera que sean los obstáculos que tú o un familiar o ser querido tuyo estén enfrentando, debes saber que el apoyo profesional siempre será una excelente decisión pues les otorgará herramientas para poder entender, digerir y manejar sus emociones.

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¿Qué luchas tenemos por delante?

Una ley que no suponga restricciones

¿Alguien podría negar que los síntomas que describen como pertenecientes a los mismos existen en los niños que llegan rotulados a nuestros consultorios? Los síntomas están. Uno los ve cuando por ejemplo se trepan por las paredes del consultorio al mejor estilo Spider-man sin preocuparse en todo el tiempo que hemos invertido en su orden. De hecho si se enteran de ello, entonces ponen aún más empeño en su labor. Lo habrán notado, mientras más nos empeñamos en ordenarlos o pararlos, mayor es su “inquietud motora”.

Esto no es casual creo que estos síntomas que la industria farmacéutica empaquetó en un diagnóstico para poder vender sus productos a nuevos mercados, son modos muy particulares de manifestación subjetiva.

Recuerdo a un paciente al que llamaré Julio. Este no podía parar de moverse ni un instante, me apuraba y se apuraba para hacer todo y no toleraba ni el más mínimo error de su parte. Esto le trajo aparejado dificultades en el ámbito escolar.

Julio disfrutaba mucho mis equivocaciones y, ante cada intento de mi parte por buscar frenarlo o generar una pausa, me decía que yo era un viejo aburrido y en esos momentos aumentaba la intensidad de sus impulsiones al punto de romper el mobiliario del consultorio o lastimarme.

Los padres también exigían rapidez en la intervenciones para que este niño, que ya tenía ocho años, pudiera aprender a leer. Presionaban a quienes trabajábamos con Julio (psicopedagoga, fonoaudióloga y yo) y lo presionaban a él en un círculo vicioso que no terminaba nunca, pues la presión generaba en Julio la respuesta opuesta a lo que buscaban lograr (como me ocurría a mí en el consultorio) generando aún más presión de los padres.

Todo cambió cuando en una reunión con la psicopedagoga y la fonoaudióloga, al advertir que en todos los espacios nos encontrábamos con el mismo patrón es decir, a más presión mayor impulsividad. Nos propusimos romper con la lógica familiar y escolar para proponer espacios donde la ley fuera el movimiento sin restricciones.

La fonoaudióloga le permitió jugar con todo tipo de materiales relacionados con lo sucio como harina, talco, tierra, etc. La psicopedagoga con pinturas enchastrándose las manos, ropas y consultorio sin restricción alguna salvo, las que pongan en riesgo su salud. Yo, comencé a darle lugar a la creación de fragancias con diferentes elementos tales como agua, alcohol, perfumina, jabón, etc. Los resultados fueron interesantes, su impulsividad disminuyó, no rompía el mobiliario del consultorio y estaba más interesado en volver a los espacios para continuar con las actividades.

Posteriormente, en una reunión que los profesionales tuvimos con los padres, comenzamos la misma marcando sus notables progresos y nuestra falla en la manera de intervenir con su hijo. Destacamos cómo habíamos perdido de vista los recursos de Julio por esperar que él se adapte a nuestras modalidades de observación y cómo Julio nos demostró que no éramos nosotros, sino él, quien pacientemente nos estaba esperando para que podamos escucharlo.

Esto que sentimos también fue pensado como una intervención familiar puesto que la escuela sólo llamaba a los padres para comentarles lo mal que se portaba su hijo y cómo su nivel estaba por debajo del de sus compañeros. La reunión tuvo efectos interesantes en los padres ya que pudieron salir de la misma hablando de su hijo destacando todo lo que podía hacer y quejándose ya no de él, sino de la escuela, interpretaban que la misma imponía desmedidamente a su hijo el cumplimiento de la currícula y no contemplaba sus tiempos.

Esto trajo como consecuencia que los padres comenzaran a modificar su exigencia para con él y pudieran ver las herramientas con las que contaba. Comenzaron a pensarlo como alguien que, independientemente de si llegara o no a aprender a leer, iba a poder defenderse muy bien en la vida.

El síntoma como operador

¿Por qué funcionó la intervención? Los primeros abordajes que realizamos con el paciente apuntaron a la eliminación del único modo que Julio encontraba para poder decir lo que le pasaba. Buscábamos, así como las empresas farmacéuticas, callarlo y aquietarlo. Como medicalizar no sólo es administrar medicamentos, nuestra práctica medicalizadora aumentaba la intensidad de sus síntomas. El sujeto siempre encuentra una vía de satisfacción y así es como desencadenamos una “desesperada necesidad lógica” del síntoma por manifestarse.

El modo de intervenir que siguió apuntó a darle un lugar al síntoma. Nuestro posterior modo de trabajar con Julio, lejos de reprimir sus síntomas, apuntaron a ir por la misma lógica y esto generó la disminución de la intensidad de los mismos.

Quiero aclarar que esta “desesperada necesidad lógica” del síntoma no implica una intencionalidad en él. Se trata de una consecuencia inevitable. Lo real existe más allá de que se le dé lugar o no. El síntoma es un operador estructural que pone en juego a lo real.

Aparece cuando ese operador no se puso en juego de otra manera. Ese operador ejerce su función mediante la desaparición de ese objeto en el que el paciente ha quedado fijado. El síntoma pone en juego la desaparición de ese objeto en el otro. Es una manera de barrarlo pero no es la única manera.

Es decir, el síntoma, tomando el objeto en el que el niño ha quedado fijado, pone en juego la ausencia del mismo en el campo del Otro. De esa manera el Otro queda barrado, en falta. Al Otro le falta ese objeto (fijado) que debería colmarlo imaginariamente.

Actualmente Julio ha transformado sus movimientos descontrolados en pasos de baile y espera trabajar de DJ cuando sea grande. Hizo de su síntoma algo que le permitió hacer lazos con otros. Pudo manifestar ese operador de otra manera.

La psicología clínica puede aportar grandes beneficios cuando se trata a un niño con TDAH y esto marcará la diferencia para su desarrollo.

Como padres siempre buscamos sólo lo mejor para nuestros hijos y mientras le brindamos apoyo psicológico profesional, también debemos ponderar nuestras necesidades emocionales pues toda familia enfrenta retos y los procesos deben seguir su curso para que podamos juntos alcanzar el bienestar emocional.

El proceso hacia el desarrollo y el bienestar, comienzan con este primer paso."

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